Desde un nefasto e indigno día, el 11 de marzo de 2004, el panorama político español dejó la brújula del sentido de convivencia sobre la mesa de la inanidad, del falseo y del oprobio más abyecto de los partidos creídos de la representación ciudadana. Luego de los atentados sufridos por los españoles en Madrid, la sima del juego sucio, de la inquina y del no respeto al adversario político, se abrió hasta los infiernos sin que Cervero pudiera, si quiera, remar en sentido contrario. Ese día la presión por echar a un gobierno, que si bien es cierto no supo comunicar con los ciudadanos, fue brutal; rodear la sede de un partido político en democracia es algo intolerable, pero para algunos aquello era la forma de acceder al gobierno. Lo cierto es que por unas cosas u otras y con el apoyo de ciertos medios de comunicación, en voz de sagrados bueyes del periodismo, que por cierto, aún hoy tienen el reconocimiento de casi todos sus colegas de ejercicio, al cabo de tres días el cambio de gobierno, después de abrir las urnas, fue de facto. Así lo quisieron la mayoría de los votantes españoles.
Unos meses antes, dentro del PSOE, se impuso en unas primarias un tal Zapatero, eso sí, con el apoyo del sector catalán que ya había dado muestras de dinamitar el Estatuto porque se le había quedado pequeño y porque ya tenían una ruta pactada con ERC para una futura independencia de la región de Cataluña del Reino de España.
El inane ZP, mientras mantenía conversaciones con los republicanos de ERC para que ETA no atentara en suelo catalán y al tiempo ideara formulas para echar de las instituciones al partido de la derecha, - miniderecha - , votado por millones de ciudadanos españoles, lanzaba una propaganda cejuda para unas minorías, que si bien tienen sus derechos, las estaba financiando de manera grosera contra las familias, los heterosexsuales, cristianos católicos o evangelistas, contra todo aquello que deseaban avanzar cómo se avanzó desde la Constitución de 1978. El citado ZP, empezó a sacar temas que ya estaban digeridos por la inmensa mayoría de los individuos. Sin embargo, su revanchismo tan agravado como su inexistente paño intelectual, se fue cual cabra al monte y empezó por querer, en un futuro ya hablado, instaurar la III República. Para ello no tardó en abrir todas las instituciones del Estado y sacarles las entrañas fundamentales, hasta llenarlas de barro por el camino, como dijo el entonces Fiscal del Estado. El daño estaba hecho, y el huevo del mosquito puesto en el centro del fruto para que en la fecha prevista saliera a picar a la sociedad en su conjunto. De la clase de economía en tres días, pasamos a tener la más fuerte banca, el sistema financiero más sólido de Europa en sonrisa diabólica de ZP, cuando ya, los demás países estaban guardando esfuerzos y provisiones ante la ruina que estaba encima. ZP y su gobierno dilapidó todo lo que teníamos como recursos; se vendió oro a 500 $ la onza. A los cuatro meses estaba a más de 1150 $. Por ejemplo.
Pero para ZP, eso no fue nada. De los ciclos económicos se sale - decía el inane presidente - ¿Pero a qué precio? Eso le importaba un bledo. Él seguía con sus políticas de subvenciones y con su República ensoñada para destruir el Estado español.
Y como de todo sueño se despierta, ZP se despertó contando nubes, dejando a España en la más absoluta bancarrota y con una crisis institucional que ya no era unos mosquitos, sino una epidemia que aún hoy, estamos tomando, o tratando de tomar, algún remedio. La cosa no es fácil.
En el siguiente mandato a ZP, el de Rajoy, que prometió algo que muchos sabíamos imposible económicamente, pues desde Europa ya se advertían los recortes, el tancredismo y la vacuidad ideológica hicieron emerger a los comunistas radicales; eso sí, todos de clase medía, pudiente y acomodada. Como sucedió en Rusia en 1914.
El descontento de las clases medias y un impulso de PP en los medios de comunicación a favor del llamado 15M, para dividir a la izquierda, aupó de una forma rápida y devoradora a unos grupos de formación comunista, republicana y contra-sistema. Y se juntaron el hambre con las ganas de comer. Separatistas- nacionalistas, etarras, comunistas, pancistas y demás gentes que viven del dinero público -ONG, FUNDACIONES, MOVIMIENTOS DE UNA SUPUESTA IGUALDAD DE GÉNERO, Y MIL Y MÁS BOLSILLOS - para lograr desestabilizar al Estado español y separarlo en una intención dicha de federalismo, otras veces de confederación y otras de regiones autónomas. Los llamados taifas después del califato cordobés.
Pero como dije antes, el daño está hecho. ZP puso el huevo y los comunistas están azuzando, incansablemente, para una posible confrontación callejera, ya que es la única forma que tienen los comunistas de llegar al poder.
España está hecha unos zorros; los políticos hasta las trancas de corrupción y sin un proyecto vital y desafiante de futuro para las jóvenes generaciones, la jefatura del Estado puesta en cuestión de forma sigilosa, pero amenazante. Las calles gritando por las calles en contra de lo que los demás han dicho en las urnas, por orden de los comunistas que se compran casas de 600.000€ - con préstamos ventajosos, eso sí, - en Galapagar, o en el barrio madrileño de Salamanca, venidos desde Argentina, pasando por nuestro Pilar junto al Ebro. Los catalanes amenazando - eso no es nuevo - con la unidad de España, a la vez que se le deja muchos miles de millones de euros para financiarse, e ir, precisamente, en contra de España. O sea, un dislate.
Los españoles vivimos un momento importante, yo diría que transcendental de nuestra historia. No basta con decir que es lo mismo que pasa en Europa por disculpa. Si pasa en ella, que pase.
Los españoles y, por coherencia, España ya enseñamos a Europa a construirse y a regenerarse varias veces, y un pueblo heredero de tantas y tantas hazañas, dadas tanto a Occidente como a Oriente, no puede dejarse amedrantar por tan falsos y vacíos enemigos, pues los cobardes sólo saben alimentarse de la sombra de los valientes y España a dando muestras de que ante el sol, es la que de verdad nos da sombra.
Madrid, 9 noviembre de 2018.