martes, 26 de mayo de 2020

GLOBALISTAS: EL NUEVO TOTALITARISMO DEL SIGLO XXI.


Durante la pandemia que hemos sufrido durante esta primavera que nos ha sido robada, en principio por razones de salud, he tenido tiempo de leer varios libros sobre el mundo de las ideologías. Si pregunto cuántas ideologías hay, seguramente las contestaciones se vayan de madre en el número respondido. No hay más allá de una docena de ellas.
Refiriéndome a la España de hoy, diré que la ideología que se nos quiere imponer sí o sí, es la decimonónica del comunismo. Pero nos la quieren hacer imponer de forma democrática, tan democrática que nos la están colando en el BOE, de tal manera que la mayor parte del pueblo ni se enteran, y si lo hacen es a través del b.o.e.t – boletín de ordenación de las ensoñaciones de televisión – que no hacen otra cosa que pervertir el lenguaje para que la realidad no sea la que es y la más de las personas se pierdan en un infantil relato de un Gobierno socialcomunista que todo lo que hace es por el bien del País. Eso dicen, así lo hacen creer y con las cañas en las terrazas, los anuncios de cremas solares y la alegría de los abuelos por ver a sus nietos, nos tragaremos, sin pestañear, los espetos que las venenosas ascuas de Sánchez e Iglesias, vayan asando a su interés, olvidando, la inmensa mayoría, el proceso político de imponer la agenda del comunismo, si bien es cierto que ellos, los comunistas, han sido los que menos han engañado ya que lo venían diciendo desde el 15M. Pero la realidad es la que es y por mucho que quieran no la harán desaparecer. Marx en su libro tercero dijo: “yo no quiero cambiar la sociedad, quiero cambiar el Mundo”. Por ahora su ideología va en camino de ello, pero, como digo, deseo que no lo consiga, si bien es cierto que con los nuevos nubarrones que se ven en el horizonte de la Humanidad, llegará a buen puerto, pero de forma diferente. Y será distinta porque embutidos en el relativismo luterano y éste, envuelto en el idealismo kantiano, nos alejamos de la realidad, concepto determinante y determinado, que da al Hombre un Derecho Natural y el atributo del raciocinio. Sólo se puede razonar desde la materia, conociéndola, disfrutándola y desde ahí se podrá intuir una filosofía de vida. Este hecho, se nos está prostituyendo con toda clase de desinformación; a través del cine, de canciones, de eventos no científicos aceptados como tales, por el consumo masivo e innecesario de modas y de clichés, cuyo objetivo es que perdamos la capacidad de razonar. 
Volviendo a las nuevas ideologías; la de Género, el Feminismo radical, el Cambio Climático, - ya no es Calentamiento –, entre otras, hay una a la que llaman Globalización. Y, ésta, aunque es la que mantiene mi atención, sus activistas, los que ponen en marcha dicha ideología es mi verdadera preocupación. Bien es sabido que desde Aristóteles, principalmente, siguiendo por Marco Aurelio y Séneca, comenzó una filosofía de vida. El Estoicismo, que, generaciones más tarde sería abrazado por el Cristianismo. En ambas el eje transversal es el Hombre. Es interpretar al Hombre desde el Hombre para conocer racionalmente sus fines y sus objetivos en la vida. Si bien el Cristianismo idealiza unos conceptos en pro de una eternidad, el Estoicismo construye unos fundamentos de la vida material del Hombre – sin materia no hay Hombre – para el mejor vivir. Es decir, para vivir la realidad de la mejor manera posible. Otra cosa es que lo consiga o no.
Pues bien, los globalistas tratan que el Hombre sea un eje circular, no transversal, un Hombre pegado a una realidad, supuestamente democrática creada por una élite de multimillonarios, disfrazados de filántropos. Pero con la diferencia de que éstos vivirán en la realidad por sí, distinta a la que imponen al resto de la Humanidad. Si hace unos años pensábamos que instituciones como la ONU, LA OIT, la OMS y otras más, eran manejadas al interés de los EEUU porque era el mayor financiador de dichas instituciones, es lógico pensar ahora que estos mismos organismos seguirán las directrices de los que, hoy por hoy, son sus mayores contribuidores. Es de cajón. Hoy estos Organismos Internacionales reciben más dinero a través de Fundaciones y ONGs de ciertos magnates por su gran filantropía, que es miserablemente falsa, que de los países soberanos que después de la II Guerra Mundial los crearon. Esto es información abierta y cualquiera puede acceder a ella. Y si aceptamos el argumento, estaremos de acuerdo que la soberanía de todos los países está en cuestión. ¿Quién ha decidido que esos magnates sean los grandes aportadores de capital a los Organismos Internacionales? ¿A qué Naciones Soberanas han preguntado? ¿Cómo los Estados soberanos consienten el hecho? Es algunas preguntas que debemos razonar.
De esos magnates, cuya filantropía se nos televisa de forma pueril, hay dos que, busques lo que busque en materia de salud o de energía, aparecen. Son B. Gate y G. Soros.


El primero es el mayor financiador de la OMS, de UNICEF y de la OIT del mundo. ¿Por qué? ¿Por filantropía? Gate por sus aportaciones millonarias influye en los Organismos antes mencionados para que éstos sigan sus criterios. Ése es su por qué. Gate necesita de su filantropía, para una vez aceptados sus principios, imponer sus ideas malthusianas. Esa es la respuesta segunda. Recordemos que Malthus fue un clérigo anglicano – la única religión creada por una Nación – que estudio la demografía en su tiempo. Su teoría parte de dos premisas: 1- Los alimentos en el Mundo crecen de forma aritmética. 2- La población Humana crece de forma geométrica. La conclusión está clara; hay que controlar el crecimiento de la población mundial. Pues bien, Gate, quiere hacer lo mismo. Como buen globalista, para evitar el Cambio Climático hay que reducir el CO2 a cero. Para conseguir hacerlo hay que alcanzar el cero en el gasto de energía, sea por los servicios que necesitan todas las personas – lo digo de forma muy general – o llegar a cero en el crecimiento poblacional mundial. Un ejemplo del control del crecimiento demográfico que Gate quiere llevar a cabo – son informaciones abiertas – fue el desarrollado en Kenia en 2015. En ese año, una de las fundaciones de Gate, vacunó de la malaria a las jóvenes keniatas que estaban en edad fértil. En unos meses, un grupo de médicos católicos observaron que los abortos aumentaron de forma anormal. Hicieron un estudio de la vacuna de Gate y descubrieron que ésta llevaba un compuesto que no dejaba desarrollar la hormona  que permite crear la placenta una vez el ovulo fecundado se agarra a la pared del útero, provocando un aborto. La vacuna tuvo que ser retirada, pero eso sí, en la desinformación más absoluta. Esa es la moral y la ética del filántropo Gate. El ejemplo descrito antes es uno, pero ¿quién dice que las nuevas vacunas de Gate no traerán sorpresa? ¿Quién asevera que no nos meterán en el cuerpo un “microalgo” que ni imaginamos? Así podrían llevar a cabo una ingeniería social a su modo, al modo de los filántropos globalistas que con tanta simpatía se nos hace ver.  Y ¿quién puede decir que si una persona se niega a ser tratado por vacunas venideras no será marginado por la mayoría que sí las acepte? En el siglo XX tenemos dos ejemplos; el nacimiento de los nacionalismos, algo que hoy está en auge, y que culminó en el Nacional Socialismo, por un lado y, en el Comunismo por el otro. No olvidemos que uno terminó con los proscritos en Campos de Exterminio y el otro en los Gulag o en las hambrunas más extremas que conoció la Humanidad.











El otro personaje globalista es G.Soros. Bajo su filantropía se esconde una perversa ingeniería de desarticular Estados Soberanos, mediante su llamadas “revoluciones de colores” – Egipto, Ucrania, Servia, Hungría, y en España apoyando la secesión de Cataluña. El objetivo de Soros es fragmentar Europa para poder controlar a la población más fácilmente. Soros divide a las personas en buenos y malos y favorece a los primeros que se dicen progresistas, partidarios de una “sociedad abierta que supuestamente es libre y democrática, pero asumiendo una nueva moral que acabe con el actual orden mundial. Pero la nueva moral es la suya, claro, y lo hace financiando con miles de millones de dólares al año la ideología de género, la inmigración ilegal, el lobby LGTBI+, a los proabortistas o a las feministas radicales. Me parece que ya se intuye el nexo de unión entre Gate y Soros. Para informarse más de Soros hay un espléndido libro de Juan Antonio de Castro y Aurora Ferrer que se titula “Soros. Rompiendo España”
Lo escrito por este individuo es este artículo, para algunos será absurdo. Y quizá tengan razón. Pero les diré que lo absurdo es un desafío para el intelecto humano. Un desafío que para vencerlo hay que tener conocimientos previos. El razonamiento siempre nace de los desafíos, aunque en apariencia lo veamos como absurdos.

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