Hoy, dos de mayo, hace
doscientos doce años que el pueblo de Móstoles se sublevó contra el
todopoderoso invasor francés. Fue la quema de pólvora que, sin pausa, llevaría
a la expulsión del ejército napoleónico unos pocos años más tarde. Cierto es
que aquellos españoles volvieron al absolutismo que la Corona Borbónica ejercía
sobre ellos. ¡Viva las cadenas!, gritaban. Pero eran sus cadenas y no las de un
ejército invasor. El hecho es que los españoles de la época perdieron el miedo
al Emperador y defendieron con su vida la libertad de España.
En estos días, lamentablemente,
estamos confinados o encarcelados, cada uno que lo determine como quiera, por
una pandemia. Un invasor de nuestra salud al que tenemos que combatir según las
normas que los científicos van encaminando. Sin embargo, el que gobierna
nuestra nave, es decir España, tiene un rumbo determinado, con un puerto
concreto. Éste no es otro que atracar en
comunistolandia. Por la travesía ya han caído al Hades más de 40.000
compatriotas, pero eso al capitán Sánchez y a su segundo de abordo, el parasito
a una coleta pegado, les importa una higa. Aquí no hay más. Tragar sus órdenes
o, si no, hay que estar dispuestos a que nos pasen por la quilla o, en el mejor
de los casos, arrestarnos en la sentina como saboteadores de la nave, ya que
ellos mismos dicen ser la nave.
El caso es que el mapa de ruta,
para frenar la pandemia, del Gobierno se ha visto erróneo desde el inicio.
Después de cincuenta y dos días de confinamiento, aún no hay test para la
población, no hay mascarillas suficientes y lo que un día es de una forma, a la
noche es de otra. Toda la gestión de esta tormenta ha sido un dislate tras
otro, un no parar de mentiras que sin pausa son blanqueadas por los voceros,
debidamente instruidos en la manipulación del leguaje mucha travesía atrás y,
también, oportunamente pagados para prostituir la información.
Pero aun siendo ya un escándalo
el tratamiento de la pandemia en todos los niveles poblacionales, que no sé
como todavía tienen la sinvergonzonería de presentarse ante los españoles, sin
rubor alguno, para seguir mintiéndonos sin complejos, haciendo de la falsedad
un relato de ficción que concluye, inexorablemente, en el revés de la realidad,
en una especie de distopía que está a punto de comenzar, lo más mortífero para
España es la fría y lenta plaga que están introduciendo en todas las
Instituciones del Estado.
A este Gobierno comunista, sí
comunista, lo que quiere es imponer su rumbo a toda costa y a escondidas, como
la han hacho desde siempre. Y el momento es éste. La pandemia. Mientras estamos
encarcelados, algo que el parasito a una coleta pegado y el sicópata de Sánchez
quieren alargar lo más posible, por mucho que empiecen a dejar ciertos
movimientos por las calles, en nuestras casas, van minando el libre albedrío y
el Derecho Natural sin que nos demos cuenta. Nos están robando el País ante
nuestras propias narices. Nos están crucificando en el tronco de lo Público,
para luego resucitarnos con las limosnas del Padre Estado, mientras la telaraña
comunista atrapa el tejido industrial y los sectores productivos de España. El
miedo a lo que está por llegar, nos inmoviliza en vez hacernos saltar de las
sillas. Para los comunistas el miedo es una forma de control social para
obtener su fin, pero también es cierto que hoy puede ser una quimera ya que el
miedo trae la ira, ésta lleva a la violencia y ésta desemboca en guerra.
Algunos dirán que soy tremendista. Sin embargo ahí esta la Historia, la
Historia de los hechos y éstos no se pueden cambiar, por mucho que se les llene
la boca con su Memoria Histórica, tan troceada y reescrita por un grupo de
lameculos inanes de dignidad y avarientos de bolsillos ajenos.
Desde hace unos días sólo oigo
“la reconstrucción de España”, “la nueva normalidad”. Y el leguaje dice lo que
quiere decir, no lo que queremos oír. Sólo esas dos frases, repetidas infinitas
veces, desprende un totalitarismo abrumador y que encaja, a la perfección, con
el otro concepto totalitario al que llaman “Globalización” y que no es otra
ideología más para tener al individuo
controlado, diezmándolo de sus libertades y sus derechos esenciales.
Algunos dicen que la U.E no va
a dejar que el comunismo se apodere de un Estado miembro. Eso está por ver. Voy
a exponer un escenario alternativo que ya estuvo a punto de estrenarse en
Grecia. El Gobierno griego, comunista, cuando la U.E le presentó un plan de
ajustes para seguir en el €, le dio dos opciones; aceptar las condiciones
propuestas o salir de la U.E. Los comunistas griegos se lo pensaron. Al final,
tuvieron que renunciar a su proyecto y tragaron con todo lo dictado por Europa.
En España, el Ministro de Comercio, "el infantil Garzón", ya ha dicho que no importaría
salirse del € para así poner en marcha la máquina de hacer dinero, con lo cual
los españoles tendríamos más liquidez y no tendríamos que ser intervenidos por
los “hombres de negro”, ya que éstos nos obligarían a ajustar los gastos con
los ingresos, nos dirían dónde invertir el dinero y eso sería empobrecer a los
más pobres y hacer más ricos a los ricos. ¡Más miedo para la gente! Y pregunto;
¿y si este Gobierno decidiera coger la máquina de los billetes y rechazase a la
U.E? ¡Eso sí que me pone los pelos en punta!
Los Estados de Europa no son
los hijos de San Luis; sí, no sacarían los higadillos a corto plazo. Está
claro. Pero pondrían un orden económico, como hicieron en Irlanda, Portugal o
Grecia, para una vez equilibradas sus cuentas, dejarles seguir el camino del
libre mercado y de las libertades individuales. Lo de la máquina de imprimir
billetes sería un empobrecimiento de decenios, una vuelta a la hambruna y a la
miseria más absoluta, a la cercenación de los mercados, interior y exterior, y
a la sumisión a una élite comunista deseosa de los frutos por los esfuerzos
ajenos en su propio beneficio. Si llegara esa situación sólo nos la quitaríamos
con la utilización de la fuerza, derramando sangre de personas libres por las
tierras y calles de España.
En las noche del dos al tres de
mayo muchos españoles fueron fusilados por el ejército invasor de su Nación. No
esperemos a que nos invada la ideología comunista, no nos dejemos quitar lo que
nuestros padres nos han dejado con tanto esfuerzo y saltemos de la silla a los
balcones, no para aplaudir, sino para gritar “TEST, TEST Y MÁS TEST,
manifestémonos sin miedo en las redes sociales, abarrotemos las calles
diciendo, ¡no al totalitarismo comunista! y defendamos nuestras libertades
ahora que todavía queda algo de tiempo. No mucho, pero lo tenemos. No esperemos
a otra madrugada del tres de mayo.

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