domingo, 8 de abril de 2018

!QUÉ NO HEMOS CAMBIANDO TANTO¡





Visión del Apocalipsis




EN UN MARASMO MÁS.





Desde hace un tiempo ando en el marasmo de qué es la belleza. El
icono que desde mi adolescencia me transmitieron, ahora se me rompe entre las palabras, se me hace arena que desaparece en la
mar de lo que imagino, y es así porque todavía no he llegado al puerto que sé que tengo muy cerca. En estos tiempos la efigie bella es tan común, tan de masas, que me parece muy manoseada y por ello, sucia. Pesando en la oscuridad de mi estudio, me acorde de El Greco; un artista solitario y siempre a contracorriente, hasta que encontró un lugar en el que se reconociese su arte. Hoy, ante la tan cacareada globalidad, veo muy difícil encontrar ese lugar. En el siglo XVI, el realismo y la ortodoxia eran dos exigencias que cualquier pintor tuvo que tener
en cuenta para su reconocimiento, para poder seguir intentando crear con su pintura. Ahora las exigencias son el mercado, las modas y la mal entendida opinión pública. Al Greco se le hizo fracasar por el manierismo de su pintura, lo subjetivo de su visión y su gran libertad compositiva. El Tiempo se ha encargado de que esas razones sean las mismas por las que ahora se le otorgue un espacio de privilegio en la pintura universal. Sin embargo, hoy, es la misma muta y no el individuo la que tiene un manierismo radical y una general visión de las artes de la que no podemos evadirnos, a no ser que sea en el secreto de nuestro pensamiento mudo, pues si por algún motivo lo voceamos seriamos blanco de un general ludibrio.
Al final no sé si la catarsis en la que estoy perdido sobre la belleza me dejará algo nuevo o no, pero lo que no quiero es doblegarme a la muta de mi tiempo y dejar enmudecer mis palabras. Espero tener las ganas y la valentía de seguir pronunciando nombres, de relatar historias, de describir mundos, de emocionarme con las palabras. No sé si es mejor que la máquina te triture o que el monstruo pase sin mirarte siquiera. Ando tan perdido que espero encontrarme pronto.



Madrid, 10 de mayo de 2009.

LOS CAMBIOS NO SON TANTOS EN LAS REFLEXIONES.























Siguiendo por el camino que ayer comenté – en el Marasmo – hoy
me pregunto si realmente no tengo un pensamiento aporético. Sería curioso conocer algún raciocinio que no lo fuera. Pero el caso es que así siento el mío. Recordando un ensayo sobre los Diálogos de Platón, me viene a la palabra si realmente un diálogo escrito no deja de ser diálogo o al menos un falso diálogo, pues éste tiene una fuerza viva que al encerrarlo en un corsé literario, se hace algo ya “culturizado” y por ello ausente de su viveza original. Lo original fue lo que dio vigor al aprendizaje griego y hay autores que están en la línea de afirmar que la escritura, en este caso el texto platónico, fue la sentencia de muerte del saber filosófico griego. De hecho, el propio Platón, en Fedro, se expresa con firmeza absoluta en contra de la “escritura” porque es la causa de la pérdida de la memoria colectiva, de toda costumbre o ancestros sociales heredados a través del tiempo.
Hoy, con la sociedad de la información, entre las radios y las televisiones, con la red como ocio o herramienta, con todo tan oído y tan visto, ¿estamos haciendo lo mismo que Platón plantea en Fedro? Me parece que con todo, y no por ser conscientes, dejamos bajo sospecha nuestras propias verdades, nuestras mismas dudas y certidumbres, nuestras “filosofías” a fin de cuentas, que por escritas hasta la saciedad se ejecutan contra sí mismas, igual que Penélope destejiendo cada noche lo que tejía en el día.
¿Se puede escribir contra la literatura sin contradecirse? Para salir
del paso se puede recurrir a la aporía y también a la paradoja, pero
esto será otro modo de afrontar la duda que hoy por hoy me está
carcomiendo.



Madrid, 11 mayo de 2009.

martes, 3 de abril de 2018

EL PRINCIPIO DE LA VIRTUAL Y EMOCIONAL COSA CATALANA.






En un lugar de España, de cuyo nombre sí quiero acordarme, Cataluña, vivía un burgués, de disfraz en ristre, avaricia por montura y mentiras ruines por bandera. A su lado, un escudero de secretos conocidos y habilidades de lazarillo. 
Un día, el burgués, desplumó a cientos de miles de personas y puso a buen recaudo los dineros robados lavándolos a un país extranjero, con la idea de borrar su latrocinio. Visto que el hecho fue disimulado por las autoridades y por la justicia, se dijo: "si no me han cogido por lo hecho, me haré autoridad y será más fácil enriquecerme sin apenas riesgo" Poco tiempo después se presentó a unas elecciones y se erigió como representante de sus conciudadanos. Las promesas de bienestar, de prosperidad y del maná nunca visto, fluían de su boca como agua de venero y sus gentes confiaron en él. Se puso la bandera catalana por barretina, la española como calzón y se echó al monte a la caza de ideas, de proyectos que generasen grandes movimientos dinerarios. Y para empezar, los que gobernaban España, le dieron todo un roscón de reyes en forma de olimpiadas. El burgués, al contemplar tan magnífico botín, llamó a su escudero y lo convirtió en su paladín político a condición de que toda obras o negocio que se hiciera en esa parte de España, debían de pagar un peaje. Dicho tributo debía ser repartido entre la organización que más representaba a la burguesía catalana y, claro está, para su bolsillo. Dicho y hecho. Pero para aquellas fechas, el paladín ya había pulido muchas monedas mientras fue escudero y ya tenía su propio bolsillo bien caliente, por lo que pidió más. El burgués, viendo la jugada del paladín y siendo el cabeza de una numerosa familia, pensó que lo mejor para él era que sus propios hijos llevasen la contabilidad de las mordidas y chantajes. Y así lo hizo. Encargó a su primogénito ocultar los cuantiosos dineros y a sus demás hijos crear una maraña de empresas y de líos para que sus conciudadanos no se enterasen que les estaba robando por dos vías; una directamente por hurto. La otra, vía pago de impuestos. Todo iba según el burgués, hasta que su paladín se fue convirtiendo en un vendeburras y la organización se vino abajo. Cambiaron la bandera, se hicieron las víctimas de una agresión sólo enraizada en sus mentes calenturientas, miedosas de la verdad. El paladín se dirigió hasta el fango que durante treinta años habían dado a la juventud catalana. El burgués, ya cansado de tanto peso dinerario en sus bolsillos y de una rara conciencia confesó algo de su robo a los catalanes, disfrazándolo como de costumbre y fue entonces cuando el paladín, ya hecho burgués, se revolcó por el fango como único burladero. Ahora el fango crece por propia iniciativa y da repugnancia y asco ver al nuevo burgués suplicando que le pongan en la boca un poco del propio lodo que él regó durante décadas.

El cuento no ha terminado, pero este individuo piensa que, o las gentes catalanas no comienzan a pedirles el sentido común a sus dirigentes y a sus conciudadanos, rompen de una vez con las ensoñaciones de muchos políticos y no exigen la verdad de las cosas, lo cierto del día a día, el funcionamiento de sus entes autonómicos para su bienestar general, se verán inmersos en una depresión social y económica de la que esos vendeburras serán los primeros en saltar.
Ya lo verán esos mismos catalanes a los que se les ha mentido desde hace más de treinta años, verán cómo han jugado con sus sentimientos y verán cómo esos mismos catalanes perderán empleos, bienestar social, amigos y vida diaria en busca de un porvenir para sus familias.
Los mismos que comenzaron este histórico engaño de una república virtual y sólo sostenida emocionalmente, serán los primeros en bajarse del barco y salir del edén prometido.

GLOBALISTAS: EL NUEVO TOTALITARISMO DEL SIGLO XXI.

Durante la pandemia que hemos sufrido durante esta primavera que nos ha sido robada, en principio por razones de salud, he tenido tiempo d...