EN UN MARASMO MÁS.
Desde hace un tiempo ando en el marasmo de qué es la belleza. El
icono que desde mi adolescencia me transmitieron, ahora se me rompe entre las palabras, se me hace arena que desaparece en la
mar de lo que imagino, y es así porque todavía no he llegado al puerto que sé que tengo muy cerca. En estos tiempos la efigie bella es tan común, tan de masas, que me parece muy manoseada y por ello, sucia. Pesando en la oscuridad de mi estudio, me acorde de El Greco; un artista solitario y siempre a contracorriente, hasta que encontró un lugar en el que se reconociese su arte. Hoy, ante la tan cacareada globalidad, veo muy difícil encontrar ese lugar. En el siglo XVI, el realismo y la ortodoxia eran dos exigencias que cualquier pintor tuvo que tener
en cuenta para su reconocimiento, para poder seguir intentando crear con su pintura. Ahora las exigencias son el mercado, las modas y la mal entendida opinión pública. Al Greco se le hizo fracasar por el manierismo de su pintura, lo subjetivo de su visión y su gran libertad compositiva. El Tiempo se ha encargado de que esas razones sean las mismas por las que ahora se le otorgue un espacio de privilegio en la pintura universal. Sin embargo, hoy, es la misma muta y no el individuo la que tiene un manierismo radical y una general visión de las artes de la que no podemos evadirnos, a no ser que sea en el secreto de nuestro pensamiento mudo, pues si por algún motivo lo voceamos seriamos blanco de un general ludibrio.
Al final no sé si la catarsis en la que estoy perdido sobre la belleza me dejará algo nuevo o no, pero lo que no quiero es doblegarme a la muta de mi tiempo y dejar enmudecer mis palabras. Espero tener las ganas y la valentía de seguir pronunciando nombres, de relatar historias, de describir mundos, de emocionarme con las palabras. No sé si es mejor que la máquina te triture o que el monstruo pase sin mirarte siquiera. Ando tan perdido que espero encontrarme pronto.
Madrid, 10 de mayo de 2009.
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