jueves, 11 de julio de 2019

MÁS QUE UN ASESINATO.






Ayer, 10 de julio hizo veintidós años del asesinato del Sr Miguel Ángel Blanco. Ese día el Estado español claudicó ante ETA. Y me explico. Dos días antes el sentimiento de indignación, de secuestro y de hartazgo de las gentes de España, se palpaba de manera muy veraz en cualquier lugar de la vida cotidiana. Los individuos salieron a la calle de forma sincera y en primera vez por voluntad propia, sin esperar  a que las ideas políticas se lo propusieran. Mi madre, ya ausente, y un sobrino de once años se fueron a la plaza de Cibeles a dar la cara para pedir a los gobernantes que ya era hora de parar y extinguir el terror en España. Mientras la humanidad española llenaban calles y plazas a voz en grito por la vida del individuo Blanco, el gobierno de turno, en este caso del PP, no tuvo el coraje de la ciudadanía española. Al confirmarse los dos tiros en la nuca y, a las pocas horas, la muerte del concejal de Érmua, en las vascongadas se vio que el peso de la españolidad aún pesaba mucho, pues tuvieron que proteger las sedes de los etarras asesinos de HB, si bien en algunos pueblos no lo consiguieron. Ese fue el momento en el que si el Estado español hubiera atendido el deseo de sus ciudadanos, el árbol del nacionalismo aranista se hubiese secado y no daría su fruto, que no es otro que el separatismo. Fue entonces cuando el PNV ante el miedo de las voces españolas, se puso en cabeza para el pacto indigno de Lizarra y siguió por el camino del cateto y analfabeto de Arana, que entre otras cosas decía que para amar a “euskalerría” sólo había que odiar a España. En esos días, un tal Arzalluz, del PNV, se puso a recoger las nueces que ETA había dejado sobre la estepa política española, y tiró para adelante en defensa de esa entelequia que es “euskalerría” que tiene menos topografía que el mito de la Atlántida. Si es Estado español se hubiera sumado al deseo de su pueblo y se hubiese dedicado a acabar con HB, con los privilegios de las vascongadas y terminar con todos los asesinos de ETA, pues sabían dónde estaban y quiénes eran, ahora, la teoría y hoy hecho, del separatismo vasco y catalán estuviera erradicado, si no por completo, sí en un tanto por ciento muy, muy amplio en la España de 2019. Sin embargo el Estado español hizo lo mismo que el Rey Desnudo, mientras el aranista PNV fue acogiendo en su seno ideolígico a etarras y asesinos para dar una pátina de partido democrático aranista. Falso. Ahora estamos viento cómo el PSOE está a punto de entregar la Jerusalén vasca, así llamaba Ortega a  Navarra, a los aranistas del PNV. Otra felonía más del PSOE que habrá que apuntar en la historia de España.




Este individuo todavía recuerda a tantos y tantos ciudadanos, diría que millones en toda España, y entre ellos a mi madre y a mi sobrino, alzando la voz para pedir libertad. Libertad de vida, en paz y sin cegamientos ideológicos. Desde el diez de julio de 1995 se agudizó la épica falsaria de la guerra contra ETA. En España no ha habido ninguna guerra desde 1939. Aquí lo que había y hay son asesinos que por la idea de odio a España han matado a más de 800 personas, mutilar a miles de ciudadanos y frustrar a miles de familias en sus vidas, en sus futuros. Y hoy, tenemos a los muertos en los cementerios, algunos hasta ultrajados en sus tumbas, como Miguel Ángel Blanco, que ahora descansa en paz en la tierra orensana de sus padres, ya que ni en Ermua pudo hacerlo, y a los asesinos etarras en TVE dando entrevistas en horas de máxima audiencia, y en los parlamentos amenazando a un futuro gobierno español.
Es la paradoja española que ya dura mas de 150 años. No hemos aprendido nada.

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