
Ayer, 10 de julio hizo
veintidós años del asesinato del Sr Miguel Ángel Blanco. Ese día el Estado
español claudicó ante ETA. Y me explico. Dos días antes el sentimiento de
indignación, de secuestro y de hartazgo de las gentes de España, se palpaba de
manera muy veraz en cualquier lugar de la vida cotidiana. Los individuos
salieron a la calle de forma sincera y en primera vez por voluntad propia, sin
esperar a que las ideas políticas se lo propusieran. Mi madre, ya ausente, y un
sobrino de once años se fueron a la plaza de Cibeles a dar la cara para pedir a
los gobernantes que ya era hora de parar y extinguir el terror en España.
Mientras la humanidad española llenaban calles y plazas a voz en grito por la
vida del individuo Blanco, el gobierno de turno, en este caso del PP, no tuvo
el coraje de la ciudadanía española. Al confirmarse los dos tiros en la nuca y, a las pocas horas, la muerte del concejal de Érmua, en las vascongadas se vio
que el peso de la españolidad aún pesaba mucho, pues tuvieron que proteger las
sedes de los etarras asesinos de HB, si bien en algunos pueblos no lo
consiguieron. Ese fue el momento en el que si el Estado español hubiera
atendido el deseo de sus ciudadanos, el árbol del nacionalismo aranista se
hubiese secado y no daría su fruto, que no es otro que el separatismo. Fue
entonces cuando el PNV ante el miedo de las voces españolas, se puso en cabeza
para el pacto indigno de Lizarra y siguió por el camino del cateto y analfabeto
de Arana, que entre otras cosas decía que para amar a “euskalerría” sólo había
que odiar a España. En esos días, un tal Arzalluz, del PNV, se puso a recoger
las nueces que ETA había dejado sobre la estepa política española, y tiró para adelante
en defensa de esa entelequia que es “euskalerría” que tiene menos topografía
que el mito de la Atlántida. Si es Estado español se hubiera sumado al deseo de
su pueblo y se hubiese dedicado a acabar con HB, con los privilegios de las
vascongadas y terminar con todos los asesinos de ETA, pues sabían dónde estaban
y quiénes eran, ahora, la teoría y hoy hecho, del separatismo vasco y catalán
estuviera erradicado, si no por completo, sí en un tanto por ciento muy, muy
amplio en la España de 2019. Sin embargo el Estado español hizo lo mismo que el
Rey Desnudo, mientras el aranista PNV fue acogiendo en su seno ideolígico a etarras y asesinos para
dar una pátina de partido democrático aranista. Falso. Ahora estamos viento
cómo el PSOE está a punto de entregar la Jerusalén vasca, así llamaba Ortega
a Navarra, a los aranistas del PNV. Otra
felonía más del PSOE que habrá que apuntar en la historia de España.
Este individuo todavía
recuerda a tantos y tantos ciudadanos, diría que millones en toda España, y
entre ellos a mi madre y a mi sobrino, alzando la voz para pedir libertad.
Libertad de vida, en paz y sin cegamientos ideológicos. Desde el diez de julio
de 1995 se agudizó la épica falsaria de la guerra contra ETA. En España no ha
habido ninguna guerra desde 1939. Aquí lo que había y hay son asesinos que por
la idea de odio a España han matado a más de 800 personas, mutilar a miles de
ciudadanos y frustrar a miles de familias en sus vidas, en sus futuros. Y hoy, tenemos a los
muertos en los cementerios, algunos hasta ultrajados en sus tumbas, como Miguel
Ángel Blanco, que ahora descansa en paz en la tierra orensana de sus padres, ya
que ni en Ermua pudo hacerlo, y a los asesinos etarras en TVE dando entrevistas en horas de máxima audiencia, y en los parlamentos amenazando a un futuro gobierno español.
Es la paradoja española que ya dura mas de 150 años. No hemos aprendido nada.