martes, 19 de marzo de 2019

¿PREVARICACIÓN O CARA DURA?




Ayer, al escuchar una entrevista concedida por el abogado del Estado Edmundo Bal, el “cesado”, que así mismo se llama, y que ahora engorda la lista electoral del partido de Ciudadanos, a una emisora de radio, me quedé no sorprendido, pero sí defraudado y muy enfadado. Resulta que el Gobierno de papel cuché, de poses y de inanidad intelectual y moral que soporta España, lo cesa por no obedecer las órdenes dadas por la abogada General del Estado en rebajar o mejor dicho, de quitar el delito de la rebelión a los presuntos golpistas que están siendo juzgados en el Tribunal Supremo. La abogada General del Estado, no hay que ser muy perspicaz, recibió la orden de la Ministra de Justicia y esta del onanista Sánchez. La Sra. Delgado, la que llama maricón a un hombre, a un juez por entonces, y luego Ministro del Interior, y se queda tan tranquila, - que por cierto, al decir esos comentarios homófobos no vi ni oí a nadie levantar la voz a nadie del movimiento subvencionado LGTBI, quizá por eso, por los dineros que el Gobierno les da para que protesten en tiempo y forma que más interesen al populismo izquierdista en que se ha metido el sanchismo y el resto de los comunistas – dando unas explicaciones tan pueriles como su obediencia a Sánchez. La Ministra de Justicia, la Sra. Delgado, - Lola la llamaban en la fiscalía - se refugia en la abogada General para demostrar su cobardía, ya que si quería que el delito de rebelión no manchase a los presuntos golpistas catalanes, tenía que dirigirse a la Fiscalía General, pero esto sería un peligro para el Gobierno caudillista de Sánchez, ya que por muchos medios de comunicación que loan al sanchismo, por algún hueco saldría tan abyecta tropelía. No estoy tan seguro que la Sra. Delgado no intentara dirigir a los fiscales del Tribunal Supremo, cara y desvergüenza tiene, pero quizá el valor se le bajo por entre las piernas y tuvo que contentarse con la abogada General y cobrarse la cabeza de un abogado del Estado que no ha tragado con la orden gubernamental. Y ahora me pregunto; ¿la Ministra de Justicia, la Sra. Delgado, no prevaricó a dar esa orden? ¿Dónde están las asociaciones de los jueces? ¿A qué se dedican los colegios de abogados? ¿Dónde están los diferentes sectores de los abogados del Estado? ¿Quién defiende la independencia ideológica de los abogados del Estado? Nadie alza la voz, nadie denuncia las injerencias del Gobierno en la judicatura y todos aceptan el “todo vale”, “ya se pasará” o “qué más da, si ya lo han hecho antes”. Para mí está muy claro. La Ministra de Justicia no debería volver a ejercer en la carrera jurídica por su sectarismo, su desvergüenza por las leyes que se le supone debería respetar y por su sumisión ante cualquier superior que la eleve hacia el cielo de cristal sin importarle la dignidad, la honradez y el trabajo del resto de la sociedad. A esta persona sólo le preocupa su carrera sin importarle una higa quién, cómo, cuándo, y dónde caiga. Por ella misma, se las traga dobladas.
¡Qué sinvergüenza!   

                                                                                 

miércoles, 13 de marzo de 2019

¿PARA QUÉ VOTAR? ¿POR QUÉ VOTAR?















Desde hace tiempo, este individuo, se pregunta si su voto electoral vale para algo. Quiero pensar que sí, ya que sólo veo a los partidos políticos insultarse entre ellos por el voto. Ahora bien. Una vez prestado el voto, ¿por qué no lo utilizan para hacer la vida más fácil a los ciudadanos arreglando los problemas más perentorios para la sociedad que representan? A estas alturas, la pregunta puede parecer muy naíf, pero no por ello sustancial. ¿Si resolviesen los problemas de la sociedad, para qué servirían los partidos y sus políticos? ¿No será que si no hubiese problemas sobrarían casi todos los políticos?En los últimos veinticinco años, España está en precampaña, en campaña o en postcampaña de manera continua. De esta forma, los partidos políticos sólo se preocupan por embarazarse de Poder que, para una vez parido, alimentarlo con perdidas de tiempo, demagogias, engaños y marañas de Leyes y Reglamentos que al común de los individuos nos ahogan de burocracia  la más de las veces inútil. 
Al llegar unas elecciones me pregunto: ¿por qué quiero ir a votar? - aunque la abstención es otra forma de votación - y ¿a quién quiero votar? Y la cosa no es tan fácil como parece, ya que los programas que se presentan a la elección de cualquier voto, cada vez es más papel mojado, no se considera un contrato entre el votante y el votado. Vale más prometer lo imposible que hacer un paso de cebra o limpiar las calles. ¿Y por qué? Pues porque las masas no recuerdan lo que se le promete desde cualquier ideología, siempre un cuando esa ideología las arrope aunque sea a cambio de sus dignidades. En España, más dividida e ideologizada hoy que en 1978, a las masas se las alimenta con multitud de subvenciones y numerosos sobornos de renuncia a la grandeza de espíritu. Por eso la cantidad de corrupciones que esquilman al Estado y hartan hasta la indignación y el hastío a los ciudadanos. Me parece que los españoles vamos en una dirección y los políticos, elegidos por esos españoles, van por otra. Los españoles, en su gran mayoría - dejo fuera a los comunistas y a los separatistas - queremos una nación de bien, un presente más o menos justo, y un futuro no predecible, pero sí más o menos tranquilizador. No se trata de querer vivir en una Arcadia, pero sí de tener la ilusión, la vida y las ganas de crear una. 
Dentro de unas semanas tenemos varias elecciones que me pregunto;  ¿por qué no se hacen todas juntas y así no ahorraríamos unos cientos de millones de euros que bien podrían ir al apoyo a la dependencia, por ejemplo? Por los intereses de los partidos políticos, esos que nos pedirán el voto en unos días. Mi voto lo presto para el bien de los españoles y de España y no para la mayor gloria de la élite política partidista que lo único de su existencia es utilizar la política de forma soez para su proyección económica y para mantener las prebendas que el voto les da. Sin embargo, en las próximas elecciones, habrá que prestar el voto, cada uno a quien quiera, ya que España y Europa están en una encrucijada muy complicada y esencial para el futuro de la civilización occidental. Elegir al arrendatario del voto no es fácil. Es un acto íntimo de conciencia, de honestidad y de respeto para con uno mismo y para los demás ciudadanos, pero la verdad es que uno casi tiene perdida la esperanza ante el catálogo de proyectos que se presentan para el 28 de abril y el 26 de mayo. Iré a votar, pero con la mosca detrás de la oreja, a ver si cambia algo en está sociedad adormecida de la que formo parte, aunque los españoles hemos despertado, a lo largo de la historia, varias veces y si esta vez lo volvemos a hacer, todos juntos, seremos, una vez más, una Nación referente para el resto del mundo. ¡Suerte y al toro! 

GLOBALISTAS: EL NUEVO TOTALITARISMO DEL SIGLO XXI.

Durante la pandemia que hemos sufrido durante esta primavera que nos ha sido robada, en principio por razones de salud, he tenido tiempo d...