Desde hace tiempo, este individuo, se pregunta si su voto electoral vale para algo. Quiero pensar que sí, ya que sólo veo a los partidos políticos insultarse entre ellos por el voto. Ahora bien. Una vez prestado el voto, ¿por qué no lo utilizan para hacer la vida más fácil a los ciudadanos arreglando los problemas más perentorios para la sociedad que representan? A estas alturas, la pregunta puede parecer muy naíf, pero no por ello sustancial. ¿Si resolviesen los problemas de la sociedad, para qué servirían los partidos y sus políticos? ¿No será que si no hubiese problemas sobrarían casi todos los políticos?En los últimos veinticinco años, España está en precampaña, en campaña o en postcampaña de manera continua. De esta forma, los partidos políticos sólo se preocupan por embarazarse de Poder que, para una vez parido, alimentarlo con perdidas de tiempo, demagogias, engaños y marañas de Leyes y Reglamentos que al común de los individuos nos ahogan de burocracia la más de las veces inútil.
Al llegar unas elecciones me pregunto: ¿por qué quiero ir a votar? - aunque la abstención es otra forma de votación - y ¿a quién quiero votar? Y la cosa no es tan fácil como parece, ya que los programas que se presentan a la elección de cualquier voto, cada vez es más papel mojado, no se considera un contrato entre el votante y el votado. Vale más prometer lo imposible que hacer un paso de cebra o limpiar las calles. ¿Y por qué? Pues porque las masas no recuerdan lo que se le promete desde cualquier ideología, siempre un cuando esa ideología las arrope aunque sea a cambio de sus dignidades. En España, más dividida e ideologizada hoy que en 1978, a las masas se las alimenta con multitud de subvenciones y numerosos sobornos de renuncia a la grandeza de espíritu. Por eso la cantidad de corrupciones que esquilman al Estado y hartan hasta la indignación y el hastío a los ciudadanos. Me parece que los españoles vamos en una dirección y los políticos, elegidos por esos españoles, van por otra. Los españoles, en su gran mayoría - dejo fuera a los comunistas y a los separatistas - queremos una nación de bien, un presente más o menos justo, y un futuro no predecible, pero sí más o menos tranquilizador. No se trata de querer vivir en una Arcadia, pero sí de tener la ilusión, la vida y las ganas de crear una.
Dentro de unas semanas tenemos varias elecciones que me pregunto; ¿por qué no se hacen todas juntas y así no ahorraríamos unos cientos de millones de euros que bien podrían ir al apoyo a la dependencia, por ejemplo? Por los intereses de los partidos políticos, esos que nos pedirán el voto en unos días. Mi voto lo presto para el bien de los españoles y de España y no para la mayor gloria de la élite política partidista que lo único de su existencia es utilizar la política de forma soez para su proyección económica y para mantener las prebendas que el voto les da. Sin embargo, en las próximas elecciones, habrá que prestar el voto, cada uno a quien quiera, ya que España y Europa están en una encrucijada muy complicada y esencial para el futuro de la civilización occidental. Elegir al arrendatario del voto no es fácil. Es un acto íntimo de conciencia, de honestidad y de respeto para con uno mismo y para los demás ciudadanos, pero la verdad es que uno casi tiene perdida la esperanza ante el catálogo de proyectos que se presentan para el 28 de abril y el 26 de mayo. Iré a votar, pero con la mosca detrás de la oreja, a ver si cambia algo en está sociedad adormecida de la que formo parte, aunque los españoles hemos despertado, a lo largo de la historia, varias veces y si esta vez lo volvemos a hacer, todos juntos, seremos, una vez más, una Nación referente para el resto del mundo. ¡Suerte y al toro!
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