miércoles, 13 de marzo de 2019

¿PARA QUÉ VOTAR? ¿POR QUÉ VOTAR?















Desde hace tiempo, este individuo, se pregunta si su voto electoral vale para algo. Quiero pensar que sí, ya que sólo veo a los partidos políticos insultarse entre ellos por el voto. Ahora bien. Una vez prestado el voto, ¿por qué no lo utilizan para hacer la vida más fácil a los ciudadanos arreglando los problemas más perentorios para la sociedad que representan? A estas alturas, la pregunta puede parecer muy naíf, pero no por ello sustancial. ¿Si resolviesen los problemas de la sociedad, para qué servirían los partidos y sus políticos? ¿No será que si no hubiese problemas sobrarían casi todos los políticos?En los últimos veinticinco años, España está en precampaña, en campaña o en postcampaña de manera continua. De esta forma, los partidos políticos sólo se preocupan por embarazarse de Poder que, para una vez parido, alimentarlo con perdidas de tiempo, demagogias, engaños y marañas de Leyes y Reglamentos que al común de los individuos nos ahogan de burocracia  la más de las veces inútil. 
Al llegar unas elecciones me pregunto: ¿por qué quiero ir a votar? - aunque la abstención es otra forma de votación - y ¿a quién quiero votar? Y la cosa no es tan fácil como parece, ya que los programas que se presentan a la elección de cualquier voto, cada vez es más papel mojado, no se considera un contrato entre el votante y el votado. Vale más prometer lo imposible que hacer un paso de cebra o limpiar las calles. ¿Y por qué? Pues porque las masas no recuerdan lo que se le promete desde cualquier ideología, siempre un cuando esa ideología las arrope aunque sea a cambio de sus dignidades. En España, más dividida e ideologizada hoy que en 1978, a las masas se las alimenta con multitud de subvenciones y numerosos sobornos de renuncia a la grandeza de espíritu. Por eso la cantidad de corrupciones que esquilman al Estado y hartan hasta la indignación y el hastío a los ciudadanos. Me parece que los españoles vamos en una dirección y los políticos, elegidos por esos españoles, van por otra. Los españoles, en su gran mayoría - dejo fuera a los comunistas y a los separatistas - queremos una nación de bien, un presente más o menos justo, y un futuro no predecible, pero sí más o menos tranquilizador. No se trata de querer vivir en una Arcadia, pero sí de tener la ilusión, la vida y las ganas de crear una. 
Dentro de unas semanas tenemos varias elecciones que me pregunto;  ¿por qué no se hacen todas juntas y así no ahorraríamos unos cientos de millones de euros que bien podrían ir al apoyo a la dependencia, por ejemplo? Por los intereses de los partidos políticos, esos que nos pedirán el voto en unos días. Mi voto lo presto para el bien de los españoles y de España y no para la mayor gloria de la élite política partidista que lo único de su existencia es utilizar la política de forma soez para su proyección económica y para mantener las prebendas que el voto les da. Sin embargo, en las próximas elecciones, habrá que prestar el voto, cada uno a quien quiera, ya que España y Europa están en una encrucijada muy complicada y esencial para el futuro de la civilización occidental. Elegir al arrendatario del voto no es fácil. Es un acto íntimo de conciencia, de honestidad y de respeto para con uno mismo y para los demás ciudadanos, pero la verdad es que uno casi tiene perdida la esperanza ante el catálogo de proyectos que se presentan para el 28 de abril y el 26 de mayo. Iré a votar, pero con la mosca detrás de la oreja, a ver si cambia algo en está sociedad adormecida de la que formo parte, aunque los españoles hemos despertado, a lo largo de la historia, varias veces y si esta vez lo volvemos a hacer, todos juntos, seremos, una vez más, una Nación referente para el resto del mundo. ¡Suerte y al toro! 

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