Ayer, al escuchar una
entrevista concedida por el abogado del Estado Edmundo Bal, el “cesado”, que
así mismo se llama, y que ahora engorda la lista electoral del partido de Ciudadanos,
a una emisora de radio, me quedé no sorprendido, pero sí defraudado y muy
enfadado. Resulta que el Gobierno de papel cuché, de poses y de inanidad
intelectual y moral que soporta España, lo cesa por no obedecer las órdenes
dadas por la abogada General del Estado en rebajar o mejor dicho, de quitar el
delito de la rebelión a los presuntos golpistas que están siendo juzgados en el
Tribunal Supremo. La abogada General del Estado, no hay que ser muy perspicaz,
recibió la orden de la Ministra de Justicia y esta del onanista Sánchez. La Sra.
Delgado, la que llama maricón a un hombre, a un juez por entonces, y luego
Ministro del Interior, y se queda tan tranquila, - que por cierto, al decir
esos comentarios homófobos no vi ni oí a nadie levantar la voz a nadie del
movimiento subvencionado LGTBI, quizá por eso, por los dineros que el Gobierno
les da para que protesten en tiempo y forma que más interesen al populismo
izquierdista en que se ha metido el sanchismo y el resto de los comunistas –
dando unas explicaciones tan pueriles como su obediencia a Sánchez. La Ministra
de Justicia, la Sra. Delgado, - Lola la llamaban en la fiscalía - se refugia en
la abogada General para demostrar su cobardía, ya que si quería que el delito
de rebelión no manchase a los presuntos golpistas catalanes, tenía que
dirigirse a la Fiscalía General, pero esto sería un peligro para el Gobierno
caudillista de Sánchez, ya que por muchos medios de comunicación que loan al
sanchismo, por algún hueco saldría tan abyecta tropelía. No estoy tan seguro
que la Sra. Delgado no intentara dirigir a los fiscales del Tribunal Supremo,
cara y desvergüenza tiene, pero quizá el valor se le bajo por entre las piernas
y tuvo que contentarse con la abogada General y cobrarse la cabeza de un
abogado del Estado que no ha tragado con la orden gubernamental. Y ahora me
pregunto; ¿la Ministra de Justicia, la Sra. Delgado, no prevaricó a dar esa orden?
¿Dónde están las asociaciones de los jueces? ¿A qué se dedican los colegios de
abogados? ¿Dónde están los diferentes sectores de los abogados del Estado? ¿Quién
defiende la independencia ideológica de los abogados del Estado? Nadie alza la
voz, nadie denuncia las injerencias del Gobierno en la judicatura y todos
aceptan el “todo vale”, “ya se pasará” o “qué más da, si ya lo han hecho antes”.
Para mí está muy claro. La Ministra de Justicia no debería volver a ejercer en
la carrera jurídica por su sectarismo, su desvergüenza por las leyes que se le
supone debería respetar y por su sumisión ante cualquier superior que la eleve
hacia el cielo de cristal sin importarle la dignidad, la honradez y el trabajo
del resto de la sociedad. A esta persona sólo le preocupa su carrera sin
importarle una higa quién, cómo, cuándo, y dónde caiga. Por ella misma, se las
traga dobladas.
¡Qué sinvergüenza!
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