jueves, 14 de noviembre de 2019

LA PSICOPATÍA DE SÁNCHEZ Y LA CREDULIDAD DE LOS ESPAÑOLES.



El PSOE y Unidas Podemos han dado el primer paso para formar un Gobierno de coalición, una fórmula que nunca se había dado a nivel nacional desde la restauración de la democracia. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se abrazan tras la comparecencia en la que han anunciado el acuerdo.


Después de las elecciones del día 10 de noviembre, en el que los ciudadanos españoles hemos vuelto a votar de buena fe, uno se da cuenta que todo ha sido un claro sainete dirigido por los mentirosos Sánchez e Iglesias. El paripé que hicieron durante el pasado verano ha sido tan vergonzoso como ruin. La hoja de ruta, bien representada por cierto, era esperar a la sentencia del Supremo, la exhumación de Franco y el divorcio fingido entre la pareja de los Picapiedra.
Sánchez, durante la campaña dijo que iba aprobar un Decreto para prohibir la República digital, una Ley para que nadie pudiera pedir un referéndum de autodeterminación y un sinfín de legalidades que, por lo visto en las urnas, muchos ciudadanos creyeron al sentir que el sanchismo volvía al PSOE socialdemócrata antes de que lo tomara el indefinible e inane mental de ZP. Esos ciudadanos no entendieron que Sánchez es un mentiroso compulsivo, un ególatra, un vendido y un vendedor de madres por ser Presidente del Gobierno. Ése es su único fin. Los ciudadanos españoles y España le importa, a él, lo mismo que a mí un grano de arena en la fosa de Las Marianas. Es decir, nada.
Lo que en cuatro meses no quiso hacer Sánchez, y después de saquear al Estado Español en casi 200 millones de euros, en 24 horas lo hizo. Todo lo dicho en campaña electoral, todo el teatro del venado, lo echó abajo y se abrazó a los comunistas sin reparos, en un acuerdo que si alguien se ha leído, es la ruina y la división de España territorial y civilmente.
Los españoles nos merecemos un futuro real, mejor, con un porvenir sin tantos nubarrones y una tranquilidad para las futuras generaciones. A Sánchez, esto, no le quita el sueño en su colchón de la Moncloa. Al parecer lo que no le dejaba dormir era un gobierno de coalición con los comunistas. Pues a ver si es verdad y no duerme hasta que se vuelva loco y se vaya a contar nubes con su admirado ZP o a jugar al mentiroso. Seguro que se harán trampa por ver quién pierde.
En el abrazo de los Picapiedra faltaba Bilma. No ha tardado mucho en llenarse el casting para dicho papel. Ya asoman la mano los usureros del PNV, los nazis de los CDR, los radicales de ERC y los asesinos de HB. Ahora el director Sánchez de la serie debe escoger protagonista, el productor Iglesias señalar con el dedo quién, mientras la película del resto de los españoles está cortada por unos rebeldes por la frontera, está tiroteada por los asesinos de ETA, está censurada por casi todos los medios de información que reverencian a Roures, un sandinista guerrillero en su tiempo y un comunista de tomo y lomo. Eso sí. Rico riquísimo desde su amistad con ZP. La película de los españoles se proyecta cada mañana sin más remedio, mientras Sánchez miente con toda su boca.
Dentro de un tiempo en la universidades se estudiara cómo una persona de tratamiento psiquiátrico, de manicomio cerrado, pudo engañar a toda una nación varias veces en el siglo XXI. En este caso a los españoles. Recuerdo que Lenin y Stalin no fueron votados por nadie. Llegaron al poder a través de una revolución violenta y asesina, algo que ya dijo Marx: “yo quiero cambiar el mundo no con el conocimiento de las ideologías, sino con una revolución cruenta y sangrienta. Eso asegurará el triunfo de dicha revolución”. Pues Sánchez quiere una revolución que en estos tiempos y en Europa no parece que sea sangrienta, pero si cruel, ya que la hará a través de la economía y de arruinar a todo español que defienda valores cristianos, sea propietario y tenga algo de pensamiento crítico.
Espero que no sea demasiado tarde. Que no lleguemos a ser la Grecia de la tercera década del siglo XXI. Espero algo de sentido común de los partidos que aún están dentro de la Constitución y, sin renunciar a cuatro o cinco puntos fundamentales del Estado Español, pongan algo de la vacuna de cordura en el psicópata político de Sánchez y no dejen que tanto el cambio de Estado, económico y social llegue a las calles de esta gran nación que todavía se llama España.

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