
Después de las elecciones del
día 10 de noviembre, en el que los ciudadanos españoles hemos vuelto a votar de
buena fe, uno se da cuenta que todo ha sido un claro sainete dirigido por los
mentirosos Sánchez e Iglesias. El paripé que hicieron durante el pasado verano
ha sido tan vergonzoso como ruin. La hoja de ruta, bien representada por
cierto, era esperar a la sentencia del Supremo, la exhumación de Franco y el
divorcio fingido entre la pareja de los Picapiedra.
Sánchez, durante la campaña
dijo que iba aprobar un Decreto para prohibir la República digital, una Ley
para que nadie pudiera pedir un referéndum de autodeterminación y un sinfín de
legalidades que, por lo visto en las urnas, muchos ciudadanos creyeron al sentir
que el sanchismo volvía al PSOE socialdemócrata antes de que lo tomara el
indefinible e inane mental de ZP. Esos ciudadanos no entendieron que Sánchez es
un mentiroso compulsivo, un ególatra, un vendido y un vendedor de madres por
ser Presidente del Gobierno. Ése es su único fin. Los ciudadanos españoles y
España le importa, a él, lo mismo que a mí un grano de arena en la fosa de Las
Marianas. Es decir, nada.
Lo que en cuatro meses no quiso
hacer Sánchez, y después de saquear al Estado Español en casi 200 millones de
euros, en 24 horas lo hizo. Todo lo dicho en campaña electoral, todo el teatro
del venado, lo echó abajo y se abrazó a los comunistas sin reparos, en un
acuerdo que si alguien se ha leído, es la ruina y la división de España
territorial y civilmente.
Los españoles nos merecemos un
futuro real, mejor, con un porvenir sin tantos nubarrones y una tranquilidad
para las futuras generaciones. A Sánchez, esto, no le quita el sueño en su
colchón de la Moncloa. Al parecer lo que no le dejaba dormir era un gobierno de
coalición con los comunistas. Pues a ver si es verdad y no duerme hasta que se
vuelva loco y se vaya a contar nubes con su admirado ZP o a jugar al mentiroso.
Seguro que se harán trampa por ver quién pierde.
En el abrazo de los Picapiedra
faltaba Bilma. No ha tardado mucho en llenarse el casting para dicho papel. Ya
asoman la mano los usureros del PNV, los nazis de los CDR, los radicales de ERC
y los asesinos de HB. Ahora el director Sánchez de la serie debe escoger
protagonista, el productor Iglesias señalar con el dedo quién, mientras la
película del resto de los españoles está cortada por unos rebeldes por la
frontera, está tiroteada por los asesinos de ETA, está censurada por casi todos
los medios de información que reverencian a Roures, un sandinista guerrillero
en su tiempo y un comunista de tomo y lomo. Eso sí. Rico riquísimo desde su
amistad con ZP. La película de los españoles se proyecta cada mañana sin más
remedio, mientras Sánchez miente con toda su boca.
Dentro de un tiempo en la universidades
se estudiara cómo una persona de tratamiento psiquiátrico, de manicomio
cerrado, pudo engañar a toda una nación varias veces en el siglo XXI. En este
caso a los españoles. Recuerdo que Lenin y Stalin no fueron votados por nadie.
Llegaron al poder a través de una revolución violenta y asesina, algo que ya
dijo Marx: “yo quiero cambiar el mundo no con el conocimiento de las
ideologías, sino con una revolución cruenta y sangrienta. Eso asegurará el
triunfo de dicha revolución”. Pues Sánchez quiere una revolución que en estos
tiempos y en Europa no parece que sea sangrienta, pero si cruel, ya que la hará
a través de la economía y de arruinar a todo español que defienda valores
cristianos, sea propietario y tenga algo de pensamiento crítico.
Espero que no sea demasiado
tarde. Que no lleguemos a ser la Grecia de la tercera década del siglo XXI.
Espero algo de sentido común de los partidos que aún están dentro de la
Constitución y, sin renunciar a cuatro o cinco puntos fundamentales del Estado
Español, pongan algo de la vacuna de cordura en el psicópata político de
Sánchez y no dejen que tanto el cambio de Estado, económico y social llegue a
las calles de esta gran nación que todavía se llama España.
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