Hoy
me levanto escuchando de qué manera ha vuelto a recular el presidente Sánchez.
Ayer sólo quería un debate, obligando a la ya mancillada TVE a hacer otro
papelón. Ahora recula a tablas, como toro manso, y acepta los dos debates aun
diciendo que es una anomalía democrática y que habrá que regular el hecho de
programar debates en los medios de comunicación durante las campañas
electorales. ¿De verdad qué hay que regular eso también? Hoy, como digo, he
estado escuchando una emisora de radio, en este caso RNE, desde las 8 de la
mañana hasta las 10. Han opinado, según presentan sus palabras, expertos en
comunicación política y analistas de opinión sobre la gestión de comunicados
gubernamentales. La verdad es que he estado a punto de cambiar de emisora, pero
la curiosidad por entender tan cantidad de majaderías ha podido con mi razón.
Digo lo de tonterías porque iban en contra del sentido común, no por el
contenido ideológico, aunque no lo comparta. Ahora va a resultar que la TVE
siempre ha estado al servicio de los ciudadanos y no en el pesebre del partido
que mantiene al gobierno. Es algo de broma, de tomadura de pelo y de querer
hacer a los españoles imbéciles de cuna. Los periodistas, siempre hay
excepciones, nunca han tenido el culo tan al aire como ahora, y cuando
deberían plantarse ante cualquier intromisión en el ejercicio de su profesión,
se defienden diciendo que ellos se deben al ciudadano y al buen funcionamiento
de la democracia. ¡Y una higa! Entendiendo que la información es básica en un
Estado de Derecho, pero los que deberán transmitirla están tan ciegos, tan hartos de
privilegios y tan endiosados que sí mismos, que no hacen otra cosa que
desinformar, de procurar rebaños de votantes, de convertir cualquier desgracia
en un sórdido espectáculo, perdiendo su dignidad, que eso me importa poco, y poniendo la dignidad de una madre, de un
padre, de un hermano, de un niño, a los pies de los anuncios de los que comen.
Hace
ya tiempo tenía una buena opinión de los periodistas; leía unos artículos
excelentes y entre sus líneas sabía o intuía la verdad de la noticia. Hoy es
imposible. Las noticias se retuercen de tal manera que lo único cierto es que
lo que dicen no es verdad, con lo que la perversión es sublime y difícil de
calibrar. La no verdad la convierten en noticia, de la noticia se falsean
hechos, formas y gestos y todos, ya sean ante una pantalla de televisión,
atentos a lo que emite una emisora de radio, o desde la paciente lectura de un
periódico, nos hipnotizamos hasta el punto de discutir con amigos por algo
totalmente falso, dirigido y vendido a costa de nuestra propia verdad como
individuo.
Los
periodistas, si así se quieren llamar, quítense el corporativismo en que están sumidos
y no se tapen las vergüenzas entre ustedes, pues están haciendo lo que tanto critican
a los políticos. Den la información sin cortapisas, a palabra abierta y dejen a
los individuos que saquemos nuestras propias conclusiones. No olviden que la información
las generamos los individuos con nuestros votos, nuestras formas de vida y con nuestros
distintos pensamientos. Dejen que los individuos pensemos desde nuestro libre albedrío,
que es la verdadera libertad. Lean – desde san Agustín a hasta nuestros días – algo
de filosofía. No les vendrían mal. No sé qué han hecho durante los cinco años de
carrera.
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